LA GRANDEZA DEL LEBRILLO

LA GRANDEZA DEL LEBRILLO 

 

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Dr. Sergio de la C. González                              

Cada día que pasa le encuentro más valor a los prístinos ideales que implantó Jesucristo en la tierra para sus seguidores, y sin embargo, con cada nuevo amanecer hallo que nos alejamos de la estructura que Él estableció para los que escogieran su estilo de vida. En un mundo de grandes competencias, brillo que ciega, afanes desmedidos, u ostentación de dignidades no hay espacios para el lebrillo. Cuando
veo videos clip de canciones preciosas, me marcan los proyectos futuristas, las rutilantes embarcaciones que se exhiben, las mansiones fastuosas donde se realizan; las bellísimas confecciones de un ropaje fuera de razón o alcance económico, los automóviles más lujosos, los aviones utilizados… Cuando observo los estilos de vida de
un buen número de los pastores y dignidades eclesiásticas del presente, me esfuerzo por dilucidar donde está el mensaje del pesebre y trato de encontrar la sencillez de su noticia evangélica, y solamente puedo encontrar opulencia y exuberancia. Nada que ver con lo que aprendí cuando era niño, del estilo de vida que llevó el Nazareno a su paso por la tierra dos milenios atrás.

Sin darnos, o dándonos cuenta quizá, las clases o categorías han impuesto su sello, marcando una diferencia abismal. El portal, el establo, o la cueva de Belén, inician la lección preparada por siglos de profecía, para el que quiera seguir los pasos del más eminente de los hombres de todos los tiempos. Otros nacieron en lugares dignos, limpios, silenciosos; pero entre el heno, la excreta y olores desagradables, llegó el que cambió el mundo por amor, en un lugar insignificante de la geografía palestina. Me impresiona todavía el territorio escogido para vivir por la familia de José, pues los biblistas convienen en afirmar que aquella área nunca fue tenida como tierra hebrea. Eso lo confirma el evangelista Mateo, retomando lo que previamente había citado el profeta Isaías: “…Galilea de los gentiles; el pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los sentados en región y sombra de muerte, luz les esclareció…” Y en Nazaret, pequeño villorrio del norte de la tierra santa que fue motivo de sorpresa para Natanael, desarrolló habilidades en un oficio rústico como la carpintería, en los albores de la era cristiana, el Hijo de Dios. Cuando estudié su Palabra, le vi realizar su primer milagro en una cita social de campesinos, aunque sea increíble para algunos; pero Jesús cumplía rigores sociales y comunitarios. No estaba ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Quizá el casamentero pudo ser compañero de juegos, o la chica haber sido su amiga de la infancia. Esas u otras pudieran ser la causa de su presencia, lo cierto es que allí estaba la esperanza del mundo cuando el vino se acabó, lo que ratifica que era una boda de personas poco pudientes. Nadie puede imaginar o interpretar el texto con cordura, pensando que a gente poderosa les faltaría algo tan elemental en celebraciones de tanto vuelo, como las nupcias de una doncella. A partir de ahí siempre estuvo ligado a personas de escaso nivel, o marginales de su época, llevándose el calificativo de “…amigo de publicanos y pecadores…”.

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"Manatial de luz, un arcoiris de esperanza "