Consideraciones sobre Hebreos (primera parte)

 

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES DE LA CARTA A LOS HEBREOS

  1. ¿Cuáles son los rasgos característicos de Hebreos?
  2. ¿Quién escribió esta epístola?
  3. ¿Cuál es el mensaje de Hebreos?
  4. ¿Por qué fue rechazada esta carta durante los primeros siglos?
  5. ¿Cuándo fue escrita Hebreos?
  6. ¿Quiénes fueron los primeros lectores?
  7. ¿Cómo puede bosquejarse Hebreos?

Si hay un libro del Nuevo Testamento que exhorte a los cristianos a permanecer fieles “en los últimos días”, ese libro es la epístola a los hebreos. Esta epístola contiene un mensaje especial para un tiempo caracterizado por la apostasía; se dirige al creyente que, ante la incredulidad y la desobediencia prevalentes, debe permanecer firme en la fe. La carta a los hebreos es, por consiguiente, una exhortación a la fidelidad. Si bien Hebreos enseña la superioridad de Cristo sobre los ángeles, Moisés, Josué, Aarón y Melquisedec, son las exhortaciones que se hallan libremente esparcidas entre las secciones doctrinales las que marcan la tónica. Las amonestaciones revelan el buen corazón y la profunda preocupación del pastor-escritor.

En esta epístola, el escritor le suplica constantemente al lector que permanezca fiel al evangelio y no se deje arrastrar (2:1; 3:12; 4:11; 6:11–12; 10:22–25; 12:25). Él pone énfasis en la responsabilidad social: a los hermanos en la fe se les exhorta a ocuparse de que ni a un solo creyente se le permita alejarse del Dios vivo (3:12–13; 4:1, 11). Las consecuencias de alejarse son realmente inimaginables ya que, según el escritor, “Es cosa terrible caer en manos del Dios vivo” (10:31).

El escritor de Hebreos aconseja que el creyente oiga obedientemente la Palabra de Dios (4:2–3, 6, 12). Exhorta a los creyentes a “adorar a Dios de un modo aceptable con reverencia y temor” (12:28). Y llega a la conclusión de que “nuestro Dios es un fuego consumidor” (12:29) en caso de que esta exhortación sea desatendida.

En una época en que la apostasía es cosa común y “el poder secreto de la iniquidad ya está obrando”, como lo dice Pablo en 2Tesalonicenses 2:7, el mensaje de Hebreos es bastante pertinente. Lo cierto es que no debemos hacer caso omiso a la advertencia que acompaña “una salvación tan grande” (2:3), puesto que no podemos escapar si lo hacemos. En consecuencia, hacemos bien en escuchar atentamente.

A. ¿Cuáles son los rasgos característicos de Hebreos?

Muchas traducciones de la Biblia llaman a Hebreos “la epístola a los hebreos”. Pero, ¿es este libro del Nuevo Testamento realmente una epístola? Si lo comparamos con las epístolas de Pablo, Santiago, Pedro, Judas y Juan, debemos decir que no lo es. Los saludos habituales en estas cartas—con excepción de 1 Juan—están ausentes en Hebreos.

1. ¿Carta o epístola?

En la carta en sí, sin embargo, el escritor incluye algunas referencias a la conducta y las posesiones de los lectores (6:10, 10:32–34). Y en el capítulo 13 llega casi a intimar con los destinatarios. Llama a Timoteo “nuestro hermano” y menciona que Timoteo, una vez que sea liberado de la prisión, lo acompañará a visitar a los lectores (13:23). La carta termina con saludos (13:24), y por lo tanto, si tenemos en cuenta este último capítulo, Hebreos es, en efecto, una carta.

El comienzo de Hebreos tiene algo en común con la primera epístola de Juan. Ambas tienen una introducción que en gran medida sirve como una declaración resumida de los capítulos que vienen a continuación. El nombre del escritor no aparece ni en Hebreos ni en 1 de Juan. Además, faltan también las menciones específicas de los destinatarios, los saludos y las oraciones. Estos elementos son característicos del resto de las epístolas del Nuevo Testamento.

Decir que Hebreos es un tratado, para evitar el uso de las palabras epístola o carta, tampoco es satisfactorio. Un tratado consiste en una exposición o discurso sobre un tema determinado, pero Hebreos encierra una cierta cantidad de doctrinas y disemina entre ellas exhortaciones pastorales. Admitimos que cualquiera que sea la palabra que usemos para describir este libro del Nuevo Testamento, las dificultades persisten. Una solución al problema consistiría en llamar al libro Hebreos a secas, como lo hacen algunas de las traducciones más recientes. Con todo, Hebreos es, en sí, una de las epístolas generales del Nuevo Testamento.

Como epístola, Hebreos es similar a algunos de los escritos de Pablo; contiene doctrina y exhortación. La costumbre de Pablo es, no obstante, exponer primeramente la doctrina; es hacia el final de sus epístolas que Pablo hace sus exhortaciones. Hebreos es diferente en este aspecto. El escritor mezcla la doctrina y la amonestación pastoral; por ejemplo, en medio de su enseñanza respecto a la superioridad del Hijo sobre los ángeles, el escritor exhorta al lector a “prestar atención con mayor diligencia” a la Palabra de Dios (2:1–4).

2. ¿Pastoral o doctrinal?

¿Es Hebreos una epístola pastoral o una epístola doctrinal? Fácilmente podemos contestar: “Es ambas cosas”. Sin embargo, admitimos que en el resumen final, el propósito del escritor de Hebreos es el de transmitir una exhortación pastoral a los destinatarios. El refuerza sus amonestaciones con doctrinas acerca de la superioridad de Cristo, del sacerdocio, del pacto y de la fe.

En ninguna parte del Nuevo Testamento fuera de la carta a los hebreos se explican las doctrinas del sacerdocio de Cristo y del pacto. No hallamos más que una referencia de paso al sacerdocio de Cristo en Ro. 8:34: “Cristo Jesús, quien murió—más que eso, quien fue resucitado—está a la diestra de Dios y está también intercediendo por nosotros”. Pablo solamente menciona la obra intercesora de Cristo, dando así por sobreentendido su sacerdocio. Pero él se abstiene en todas sus epístolas de escribir sobre esta doctrina. Y aunque los estudios teológicos de Pablo incluían la doctrina del pacto como parte integral de la enseñanza del Antiguo Testamento, él sólo menciona la palabra pacto nueve veces (Ro. 9:4;   11:27;   1Co. 11:25;  2 Co. 3:6, 14;  Gálatas 3:15, 17;  4:24;  Ef. 2:12). En Ga. 4:24 es algo más específico: “Estas cosas pueden tomarse figurativamente, ya que las mujeres representan dos pactos: un pacto viene del Monte Sinaí y genera niños que han de ser esclavos: Este es Agar”. Sin embargo, aun en este contexto, el tratamiento es más bien parco. El escritor de Hebreos, por el contrario, enseña las doctrinas del sacerdocio y del pacto detalladamente.

3. Revelación e inspiración

El escritor da al lector la revelación de Dios. Para él, el autor primario de las Escrituras, es decir, el Espíritu Santo, es de capital importancia, ya que Dios se dirige al lector por medio de su Palabra. De allí que no sea el autor secundario sino Dios el que habla en las frases que introducen las numerosas citas del Antiguo Testamento. En el capítulo 1, Dios es el que articula las citas de los Salmos, del Cántico de Moisés (Deuteronomio 32:43, LXX), y 2 Samuel 7:14. Con algunas variantes, la frase “Dios dice” ocurre constantemente (1:5,  6,  7,  8,  10,  13;  2:12, 13;  3:7, 4:3,  5:5,  6;  7:21,  8:8;  10:5, 15,  17;  13:5). Y debido a que el autor secundario no es importante para el escritor de Hebreos, aun el nombre propio de este último ha sido suprimido en esta carta, quizá a propósito. Al enfocar la atención en el trino Dios como el que hable, el escritor enseña que las Escrituras son inspiradas divinamente. Él no ha oído la voz del hombre sino la voz de Dios.

Resulta interesante, sin embargo, notar que cuando el escritor cita al Antiguo Testamento, lo hace usando la traducción griega (la Septuaginta) del texto hebreo. Y esta traducción difiere, en algunos puntos, del original. Aquí van dos ejemplos: primero, el Salmo 8:5 dice: “Tú lo hiciste un poco inferior a los seres celestiales” “[o: a Dios]” y en Hebreos 2:7 leemos: “Lo hiciste un poco [o: por poco tiempo] inferior a los ángeles”; segundo, la formulación del Salmo 40:6 es: “Sacrificio y ofrenda no deseaste, sino que perforaste mis oídos”. Sin embargo, Hebreos 10:5 tiene esta lectura: “Sacrificio y ofrenda no deseaste, sino que me preparaste un cuerpo”.

¿Por qué usó el escritor una traducción que difería del texto del Antiguo Testamento? Lo probable es que el escritor no sabía hebreo, había aprendido las Escrituras a través de una traducción griega, y escribía a lectores que también usaban esa traducción. ¿Significa esto que la traducción denominada Septuaginta era inspirada? Claro que no. El texto hebreo del Antiguo Testamento, no su traducción, había sido inspirado por Dios. Pero esto no significa que el escritor de Hebreos tuviese prohibido tomar citas de una traducción, aun cuando ésta mostrara alguna variación. De todos modos, en el momento en que el escritor escribía su carta, ya operaba la inspiración de la epístola, incluyendo las citas del Antiguo Testamento. Guiado por el Espíritu Santo, el escritor tenía la libertad de tomar su material de una traducción que difería del texto hebreo; no tenía que corregir la traducción para que se ajustase a la lectura del original hebreo. El escribía a hebreos que estaban familiarizados con la Septuaginta; ésta era, para ellos, la Biblia.

4. El Antiguo Testamento

Los que estamos acostumbrados a tener nuestro propio ejemplar de la Biblia, no debemos pensar que éste era el caso de los lectores de Hebreos en la segunda mitad del primer siglo. Las copias de los libros del Antiguo Testamento se guardaban en la sinagoga o iglesia local. Estas se usaban durante los servicios religiosos para la instrucción de la gente. Pero la gente que asistía a estos cultos no poseía dichos libros. Atesoraban la Palabra en su corazón y en su mente aprendiendo salmos e himnos de memoria. Además, aprendían de memoria pasajes mesiánicos del Antiguo Testamento. Cantaban los ya bien conocidos salmos e himnos en la iglesia o en su casa y recitaban determinados versículos del Antiguo Testamento.

El escritor de Hebreos eligió cuidadosamente sus citas. Por ejemplo, en el capítulo 1, cinco citas provienen de salmos conocidos, una del Cántico de Moisés y una de un pasaje mesiánico. El escritor apela a la memoria de sus lectores y de este modo comunica la Palabra clara y efectivamente.

5. Estilo

Una característica determinante de Hebreos es la elección de palabras, el equilibrio de las frases, el ritmo retórico del griego original y el excelente estilo. Aun a través de la traducción, el lector de hoy en día percibe algo de la magnificencia de la habilidad literaria del escrito. Tómese, por ejemplo, la definición concisa de la fe que da el escritor: “Ahora bien, la fe es estar seguro de lo que esperamos y estar cierto de lo que no vemos” (11:1). O analícese el equilibrio de esta frase: “Si deliberadamente continuamos pecando después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda ningún sacrificio por los pecados, sino sólo la horrenda expectación del juicio y del fuego devorador que consumirá a los enemigos de Dios” (10:26–27). El escritor ese revela como una persona instruida que escogió sus palabras cuidadosamente y que estaba completamente familiarizado con la enseñanza del Antiguo Testamento.

B. ¿Quién escribió esta epístola?

Cuando se le preguntó quién era el escritor de Hebreos, el teólogo del tercer siglo Orígenes dijo: “En cuanto a quien escribió la epístola, lo cierto es que sólo Dios lo sabe”. Y eso sucedió en el año 225 d.C. Así que si los eruditos del amanecer del cristianismo no sabían quién pudo haber escrito Hebreos, nosotros seguramente no podremos elevarnos por sobre ellos.

1. Apolos

Por supuesto, los eruditos han sugerido algunos posibles candidatos, pero han debido recurrir a hipótesis. Martín Lutero, por ejemplo, pensaba que el escritor de Hebreos había sido Apolos. Basaba su hipótesis en Hechos 18:24–26: “Por ese entonces un judío llamado Apolos, nativo de Alejandría, llegó a Éfeso. Era un hombre instruido, con un conocimiento exhaustivo de las Escrituras. Había sido instruido en el camino del Señor y hablaba con gran fervor, e impartía enseñanzas sobre Jesús acertadamente, aunque sólo conocía el bautismo de Juan. Comenzó a hablar osadamente en la sinagoga. Cuando Priscila y Aquila lo escucharon, lo invitaron a su casa y le explicaron el camino de Dios más adecuadamente”.

Lutero señaló que Alejandría era un gran centro educativo, donde Apolos aprendió a expresarse con maestría en el idioma griego. Apolos utilizaba la traducción de los Setenta, la Septuaginta, del Antiguo Testamento, puesto que fue en Alejandría donde primeramente se la publicó.

Apolos se había familiarizado con la fe cristina, había oído predicar a Pablo en Éfeso, y había sido instruido “en el camino del Señor más adecuadamente” por Priscila y Aquila. Poseía “un conocimiento exhaustivo de las Escrituras” y llegó a ser un gran orador. Para Martín Lutero, Apolos era la persona más calificada para escribir la epístola a los hebreos.

La hipótesis es realmente atrayente y resuelve muchos interrogantes. No obstante, el silencio de los siglos es significativo. Uno esperaría que Clemente de Alejandría, que vivió allá por el año 200 d.C. dijese algo al respecto; pero él omite el nombre de Apolos. En lugar de ello, Clemente le atribuye el libro a Pablo.

2. Pablo

¿Fue Pablo el escritor de Hebreos? A través de los siglos, mucha gente ha aceptado a Pablo como escritor de la epístola. Desde la primera publicación en inglés de la Versión del Rey Jacobo, en 1611, hasta el presente, muchas personas han tomado literalmente el título: “La Epístola de Pablo, el Apóstol, a los Hebreos”. Pero en el margen de algunas Biblias de esta versión se dice al lector: “Paternidad literaria incierta, comunmente atribuida a Pablo”.

La incertidumbre en cuanto a que Pablo sea o no el escritor, proviene de la diferencia entre las epístolas paulinas y Hebreos. Para comenzar, vemos una clara diferencia en cuanto al lenguaje que se usa en Hebreos. Nada en Hebreos nos recuerda el estilo, dicción, terminología ni contenido de las cartas de Pablo. El lenguaje de Hebreos simplemente no es el de Pablo.

Las doctrinas expresadas en Hebreos no encuentran eco en ninguna de las epístolas de Pablo. Por lo general en estas cartas son evidentes las referencias mutuas a doctrinas capitales. No es así con Hebreos. Las doctrinas de Cristo y del pacto son prominentes en Hebreos, pero están ausentes de las cartas de Pablo.

El uso de nombres para referirse a Jesús que encontramos en Hebreos difiere del uso de Pablo. En sus primeras epístolas Pablo se refiere al Señor por el nombre de Jesucristo, pero en sus epístolas posteriores esta combinación se revierte: Pablo lo llama Cristo Jesús. Raramente escribe Jesús (2 Co.11:4; Fil. 2:10;   1Ts. 4:14). El escritor de Hebreos, por el contrario, repetidamente llama al Señor por su primer nombre, Jesús (2:9,  3:1; 4:14;  6:20;  7:22;  10:19;  12:2, 24;    13:15). Tres veces usa el escritor de Hebreos la combinación Jesucristo (10:10; 13:8, 21) y sólo una vez dice Señor Jesús (13:20). La epístola a los hebreos carece, sin embargo, de la combinación Cristo Jesús.

Lo más significativo al considerar si Pablo escribió la epístola a los hebreos lo encontramos en Hebreos 2:3. El escritor, que se auto incluye en la advertencia respecto a la necesidad de prestar atención a la Palabra de Dios, dice: “Esta salvación, anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que la oyeron”. En forma esquemática, nos encontramos con la siguiente secuencia:

Esta salvación que

  1. fue primeramente anunciada por el Señor
  2. por aquellos que lo oyeron
  3. nos fue confirmada.

Se puede llegar entonces a la conclusión de que el escritor no había oído personalmente al Señor, sino que tuvo que depender los informes de otros. Pablo, por supuesto, declara categóricamente que no recibió el evangelio de nadie sino de Jesucristo (Gá. 1:12). Pablo oyó la voz de Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9:4;  22:7;  26:14). Y Jesús le volvió a hablar más tarde (Hechos 18:9–10;  22:18–21). Pablo, por lo tanto, no pudo haber escrito las palabras de Hebreos 2:3.

3. Bernabé

Tertuliano, alrededor del año 225 d. C., sugirió que Bernabé pudo ser el escritor de Hebreos. Hizo esto a la luz de las credenciales que a Bernabé se le otorgan en Hechos 4:36–37: “José, un levita de Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que significa Hijo de la consolación, vendió un terreno que poseía, y trajo el dinero y lo colocó a los pies de los apóstoles”. Por ser levita, Bernabé estaba totalmente familiarizado con el sacerdocio levita. Además, provenía de la isla de Chipre, donde presumiblemente aprendió bien el griego. Estaba familiarizado con la iglesia y sus necesidades. Según Tertuliano, él estaba altamente calificado para escribir la epístola a los hebreos. La debilidad de esta posición estriba en que no ha encontrado apoyo alguno en la historia del canon. Tertuliano no ha ganado seguidores y su sugerencia ha sido vista como una curiosidad.

4. Priscila

El último de los nombres propuestos para resolver esta interrogante sobre la paternidad literaria de Hebreos es el de Priscila. Ella con su marido Aquila instruyeron a Apolos (Hechos 18:26). Pero Priscila no pudo haber escrito Hebreos porque en el griego original de Hebreos 11:32, el escritor usa un participio con un sufijo masculino al referirse a sí mismo: “No tengo tiempo de contar sobre Gedeón …”.

¿A qué conclusión llegamos en este asunto? Simplemente decimos junto con Orígenes: “Pero en cuanto a quién escribió la epístola, lo cierto es que sólo Dios lo sabe”. Al fin y al cabo, quién sea el escritor no es importante. El contenido de la epístola es lo que nos interesa.

C. ¿Cuál es el mensaje de Hebreos?

Una simple ojeada a la epístola a los hebreos le dice a los lectores que su contenido está apuntalado por numerosas citas del Antiguo Testamento; además, el escritor constantemente exhorta en forma pastoral a los lectores; y por último, el desarrollo de la parte doctrinal sigue una secuencia lógica. Comenzaremos nuestro examen del contenido con un análisis de las citas del Antiguo Testamento que hay en Hebreos.

1. Citas del Antiguo Testamento

Las estimaciones sobre el número de citas directas en la epístola a los hebreos varían. Por ejemplo, algunos eruditos, al contar todas las citas directas llegan a un total de treinta y seis. Otros encuentran veinticuatro citas directas del Antiguo Testamento, y añaden otros cinco pasajes “que se usan verbalmente pero que no son citados formalmente”. Estos reconocen veintinueve citas.2

Aunque nos damos cuenta de que el escritor de Hebreos no tenía por qué incluir una declaración introductoria para cada cita del Antiguo Testamento, no obstante pensamos que una cita directa es aquella que tiene una declaración introductoria para cada cita del Antiguo Testamento, no obstante pensamos que un cita directa es aquella que tiene una fórmula introductoria. Nosotros encontramos veintiséis, a las cuales añadimos cinco que carecen de introducción. Esto lleva el total a treinta y un pasajes.

Salmos era el libro favorito del escrito de Hebreos. Un tercio de sus citas directas han sido extraídas del libro de Salmos. La mayoría de ellas se encuentra en Hebreos 1. Una cita proviene del Cántico de Moisés, Deuteronomio 32, en la versión de los Setenta.

Citas Directas

Antiguo Testamento                                                      Hebreos

  1.   Salmo 2:                                                                       1:5;  5:5
  2. 2 Samuel 7:14                                                            1:5
  3. Deuteronomio 32:43                                            1:6
  4. Salmo 104:4                                                                1:7
  5. Salmo 45:6–7                                                             1:8–9
  6. Salmo 102:25–27                                                    1:10–12
  7.  Salmo 110:1                                                               1:13
  8. Salmo 8:4–6                                                                2:6–8
  9. Salmo 22:22                                                                2:12
  10. Isaías 8:17                                                                    2:13
  11. Isaías 8:18                                                                    2:13
  12. Números 12:7                                                           3:2, 5
  13. Salmo 95:7–11                                                          3:7–11
  14. Génesis 2:2                                                                  4:4
  15. Salmo 110:4                                                                5:6;   7:17, 21
  16. Génesis 22:17                                                            6:14
  17. Génesis 14:17–20                                                   7:1–2
  18. Exodo 25:40                                                                8:5
  19. Jeremías 31:31–34                                                 8:8–12
  20. Exodo 24:8                                                                   9:20
  21. Salmo 40:6–8                                                             10:5–7
  22. Deuteronomio 32:35a                                          10:30
  23. Deuteronomio 32:36                                             10:30
  24. Isaías 26:20;   Habacuc 2:3–4                            10:37–38
  25. Génesis 21:12                                                             11:18
  26. Proverbios 3:11–12                                                12:5–6
  27. Exodo 19:12–13                                                        12:20
  28. Deuteronomio 9:19                                                 12:21
  29. Hageo 2:6                                                                       12:26
  30. Deuteronomio 31:6                                                  13:5
  31. Salmo 118:6                                                                   13:6

El escritor de Hebreos apela a sus lectores por medio de citas de pasajes familiares del Antiguo Testamento. Presumiblemente, estos pasajes habían sido memorizados por los lectores, y cuando ellos oían la lectura de la epístola a los hebreos en un servicio religioso, podían relacionar su contenido con lo que sabían. Las Escrituras del Antiguo Testamento eran, por lo tanto, de gran importancia para el escritor y los lectores de esta epístola. En las palabras del escritor: “la palabra de Dios es viva y activa. Más filosa que cualquier espada de dos filos”   (4:12).   Y esa palabra ha sido citada, aludida y usada en Hebreos más que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento.

 

2. Amonestaciones pastorales

El escritor amonesta repetidamente a sus lectores a que “presten atención más diligente” a la Palabra de Dios (2:1). Llama a la palabra que le fuera predicada a los israelitas en el desierto “el evangelio” (4:2), y declara que esta gente rebelde murió en el desierto porque eran incapaces de combinar la Palabra que habían oído con la fe.

¿Es la epístola predominantemente pastoral? ¿O es doctrinal? Dicho de otra manera, la pregunta es si las admoniciones del escritor resultan en una enseñanza teológica o si, por el contrario, las doctrinas llevan a las amonestaciones. Si observamos los numerosos pasajes que exhortan a los lectores, vemos una notable consistencia en su enfoque. El escritor escribe pastoralmente y alienta a los hebreos a permanecer fieles a Dios y a su Palabra. “Tengan cuidado, hermanos, de que ninguno de vosotros tenga un corazón pecador e incrédulo que se aleja del Dios viviente” (3:12). Esta amonestación es la clave para comprender las preocupaciones pastorales del escritor. Es básica para las advertencias que la preceden y la suceden. En su secuencia, detallamos aquí cierto número de amonestaciones que sintetizan el contenido de la epístola a los hebreos:

  • 2:1–4 “Debemos, por consiguiente, prestar más atención”
  • 3:1 “Por lo tanto, hermanos santos … fijad vuestros pensamientos en Jesús”
  • 3:12–19 “Tened por tanto cuidado”
  • 4:1–3 “Por lo tanto … tengamos cuidado”
  • 4:11 “Hagamos, por consiguiente, todo esfuerzo”.
  • 4:14–16 “Por ello, … aferrémonos firmemente a la fe”
  • 6:1–3 “Por lo tanto, dejemos las enseñanzas elementales”
  • 6:11–12 “Queremos que cada uno de vosotros muestre la misma diligencia”.
  • 10:19–39 “Por consiguiente, hermanos … acerquémonos a Dios”
  • 12:1–28 “Por lo tanto, … despojémonos de todo lo que estorba”
  • 13:1–25 “Continuad amándoos los unos a los otros como hermanos”

El llamamiento del escritor llega a los lectores en una fraseología que es casi redundante. El mensaje es claro: “guardad la fe”, “sed obedientes”, “permaneced Fuertes”, “venid a Dios”, y “reclamad vuestra salvación”. El escritor advierte al lector en contra del pecado de incredulidad que eventualmente tiene su costo y termina en la apostasía.

Así como el escritor exhorta, también enseña. Expresa su preocupación de que los lectores obedezcan efectivamente la Palabra de Dios, y a eso los exhorta. También desea que sus lectores conozcan la Palabra, y a eso los conduce.

3. Secuencia doctrinal

En los primeros versículos de su introducción (1:1–2), el escritor define la extensión y el alcance de la Palabra de Dios: e la época del Antiguo Testamento Dios hablaba a través de sus profetas; en los tiempos del Nuevo Testamento habla por medio de su Hijo. El esperaba que su pueblo obedeciera su Palabra cuando ésta les era comunicada “por medio de ángeles” (2:2), ya que el resultado de la desobediencia era un “justo castigo”. Cuánto más, entonces, debe el pueblo del Nuevo Testamento obedecer la Palabra de Dios que no fue proclamada por ángeles sino por el Hijo de Dios. Y este Hijo es muy superior a los ángeles porque él es el Profeta que habló la Palabra (1:2), el Sacerdote que “proveyó purificación de los pecados” (1:3), y el Rey que “se sentó a la diestra de la Majestad en el cielo” (1:3). Más aún, este Profeta, que es a la vez también Sacerdote y Rey, demanda estricta obediencia a la Palabra que proclama la salvación (2:3).

La superioridad del Hijo de Dios con respecto a los ángeles es confesada en salmo y en canto. Los escritores de salmos e himnos retratan al Hijo como Rey, Creador y Aquel cuyos “años no tendrán fin” (1:12). A diferencia de los ángeles, el Hijo tomó sobre sí la naturaleza humana del hombre (2:14), y no se avergüenza de llamar a su pueblo hermanos y hermanas, ya que él y ellos “son de la misma familia” (2:11–12). A causa de esta cercana identidad con sus hermanos y hermanas, Jesús se convirtió en su “misericordioso y fiel sumo sacerdote al servicio de Dios”, y así hizo expiación de los pecados del pueblo” (2:17). Por esta razón, dice el escritor de Hebreos, yo os exhorto a “fijar vuestros pensamientos en Jesús, el apóstol y sumo sacerdote que confesamos” (3:1).

Jesús es más grande que Moisés. Moisés era un fiel siervo en la casa de Dios; Jesús es un fiel hijo que está sobre la casa de Dios (3:5–6). En los tiempos de Moisés los israelitas se negaron a obedecer la Palabra de Dios y consecuentemente perecieron en el desierto (3:17). Al creyente de hoy se le exhorta a oír “el evangelio” y realizar todos los esfuerzos para entrar en el descanso que Dios ha prometido (4:3, 6, 11). Tomad en serio la viva y activa Palabra de Dios, aconseja el escritor, porque puede ser comparada con una espada de dos filos (4:12).

Además, Jesús es más grande que Aarón. Aarón era sumo sacerdote, pero era un pecador; Jesús es el gran sumo sacerdote, pero sin pecado (5:3;   4:14–15). Jesús llegó a ser sumo sacerdote de la órden de Melquisedec (5:10). Los lectores deberían haber sabido esto por haber investigado las Escrituras. De allí que el escritor de Hebreos los reprende por su indolencia (5:11–13). Los exhorta a avanzar en “las enseñanzas sobre Cristo” (6:1); el negarse a avanzar lleva a la muerte espiritual (6:4–6, 8). El alienta a los creyentes con las palabras tranquilizadoras de que Dios es fiel a su promesa. Y Dios confirma esta promesa con u juramento, ara que su palabra sea inmutable (6:17–18).

El escritor, a partir de las Escrituras del Antiguo Testamento, enseña a los lectores que Jesús, por pertenecer al orden sumosacerdotal de Melquisedec, es superior a los sacerdotes levitas (cap. 7). Los sacerdotes de la orden de Aarón eran nombrados por la ley, eran pecadores, y estaban sujetos a la muerte (7:23, 27–28). Cuando Dios hizo juramento, Jesús se hizo sacerdote y al hacerlo indicó la inmutabilidad de su investidura sacerdotal (7:21). El es sin pecado, y es sacerdote para siempre.

Jesús es un sacerdote-rey, pero su servicio no es en un tabernáculo terrenal; ha ido a servir en “el verdadero tabernáculo erigido por el Señor, no por el hombre (8:2, véase también 9:11, 24). Allí, en el “Lugar Santísimo” obtuvo redención eterna para su pueblo y sirve como mediador de un nuevo pacto” (9:15). Cristo se ofreció una vez y definitivamente por todos y así “perfeccionó para siempre a aquellos que van siendo santificados” (10:14) y tienen la ley del nuevo pacto en sus corazones y escrita en sus mentes.

La segunda parte de la epístola comienza en 10:19 y es enteramente pastoral. El escritor alienta a los lectores a “acercarse a Dios”, a reunirse para rendir culto a Dios y a aguardar el Día venidero (10:22, 25). Una vez más enfatiza el hecho de que el pecado deliberado no puede ser perdonado (6:4–6;   10:26–29). El resultado de un pecado intencional es que uno “cae en las manos del Dios vivo” (10:31).

El capítulo 11 es una consideración acerca de los héroes de la fe descritos en el Antiguo Testamento. El escritor ha sido selectivo y dedica la mayor parte de su análisis a Abraham, el padre de los creyentes (11:8–19). Exhorta a los lectores a fijar su atención en Jesús, el “autor y perfeccionador” de su fe (12:2), a fortalecer sus “endebles brazos y débiles rodillas” (12:12), y a “vivir en paz con todos los hombres y ser santos” (12:14). El capítulo 12 concluye con una exhortación a “adorar a Dios de un modo aceptable, con reverencia y temor: (12:28). El último capítulo de Hebreos es una serie de exhortaciones finales que concluyen con una elocuente bendición (13:20–21) y saludos personales (13:22–25).

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