Consideraciones sobre Hebreos (Continuacion-Final)

D. ¿Por qué fue rechazada esta carta durante los primeros siglos?

1. Siglo Uno

La historia de la epístola a los hebreos en la iglesia cristiana de los primeros siglos es bastante cambiante. La carta fue aceptada en el occidente y es citada por Clemente de Roma en su epístola, conocida como 1 Clemente, escrita a la iglesia de Corinto. 1 Clemente fue escrita alrededor del año 96 d.C. y contiene segmentos de Hebreos (véanse especialmente 1Clemente. 36:1–5; 17:1, 5; 19:2; 27:2; 43:1; 56:2–4). (Esto con fin histórico, reconocemos que no es parte de la sagrada Biblia) El uso que Clemente le da a Hebreos en la última década del primer siglo es suficiente evidencia de que la epístola a los hebreos circulaba ampliamente.

2. Siglo Dos

Ireneo, allá por el año 185 d. C., cita a Hebreos. Él era obispo de las ciudades de Viena y Lyon en el sur de Francia. Tertuliano, escritor norafricano que murió en el 225 d. C., cita a Hebreos 6:4–8. Él le da introducción a su extensa cita como sigue:

Porque además hay una epístola a los hebreos bajo el nombre de Bernabé—hombre suficientemente acreditado por Dios… Advirtiendo, en consonancia, a los discípulos que omitan todos los primeros principios, y que busquen más bien la perfección, y que no coloquen nuevamente los cimientos del arrepentimiento de las obras de los muertos…

La iglesia del occidente (Italia, Francia y África) tuvo, durante la última parte del siglo dos, reservas en cuanto al lugar de Hebreos en el canon del Nuevo Testamento. Por ejemplo, la lista de libros del Nuevo Testamento conocida como Canon de Muratori, que data presumiblemente del año 175 d.C., no incluye la epístola a los hebreos.

La causa de estas reservas puede ser rastreada hasta las controversias doctrinales de los siglos dos y tres. En el año 156 d. C., Montano, un autoproclamado teólogo del Asia Menor, practicó el ascetismo y esperaba que sus seguidores viviesen una vida de santidad. Él le aplicaba Hebreos 6:4–6 a cualquiera que participase en asuntos mundanos y, por consiguiente, le negaba a tal persona la posibilidad del arrepentimiento. Más tarde, en el año 250 d.C., el emperador Decio instigó una persecución contra los cristianos, muchos de los cuales, bajo coacción, negaron la fe cristiana. Novaciano, un hombre originario de Frigia, Asia Menor, usó Hebreos. 6:4–6 en contra de todos los cristianos que habían renegado debido a estas persecuciones. Novaciano opinaba que era imposible para éstos llegar al arrepentimiento; fueron separados de la iglesia y se les negó la readmisión. La aplicación de este pasaje de la Escritura en la forma rigurosa en que lo hacían los montanistas y novacianos no encontró la aprobación de la iglesia. Y fue debido a estos movimientos cismáticos y al abuso de este pasaje en particular, que la epístola a los hebreos no fue colocada entre los libros canónicos del Nuevo Testamento en occidente.

3. Siglo Tres

La iglesia oriental (Egipto Y Siria), sin embargo, aplicaba la regla de que para que un libro del Nuevo Testamento fuese canónico debía ser apostólico. Se pensaba que la epístola a los hebreos había sido escrita por Pablo, que era un apóstol, y por ello Hebreos fue aceptada como canónico. Ya en el año 175 d.C. Panteno dijo que Pablo omitió su nombre en la epístola por varias razones: su modestia, su respeto por el Señor, y la sobreabundancia de su escrito. Aunque estas razones son poco convincentes, las mismas indican que Panteno tenía ciertas dudas de que Pablo fuese el escritor.

Su sucesor, Clemente de Alejandría, allá por el año 200 d.C., manifiesta la misma inquietud.

En cuanto a la epístola a los hebreos, [Clemente] dice efectivamente que es de Pablo, pero que había sido escrita para hebreos en la lengua hebrea, y que Lucas, habiéndola traducido cuidadosamente, la publicó para los griegos.… Las [palabras] “Pablo, un apóstol”, naturalmente, no fueron incluidas al principio. Es que, dice él, “al escribirle a hebreos que habían concebido un prejuicio en su contra y que sospechaban de él, él sabiamente no les predispuso desde el principio poniendo su nombre”.

Un manuscrito de papiro proveniente de Alejandría, numerado como P46 y que tiene una fecha aproximada del año 200 d.C., coloca la epístola a los hebreos entre las de Pablo. En realidad, Hebreos es colocada entre Romanos y 1 Corintios. Y Atanasio, obispo de Alejandría, escribe en el año 367 d.C. sobre hebreos y la sitúa entre 2 Tesalonicenses y 1 Timoteo.

En la iglesia occidental, Hebreos fue eventualmente aceptada en el siglo cuatro. Algunos eruditos se la atribuían a Pablo, pero otros dudaban que Pablo fuese el escritor. Sea como fuere, los concilios de dicho siglo colocaron a Hebreos en el canon. El concilio de Hipona convocado por Cipriano de Cartago en el año 393 d.C. aporta esta interesante nota: “Trece epístolas de Pablo, y una por el mismo a los hebreos”. Y el Concilio de Cartago en el año 397 d.C. incluye a Hebreos en el epistolario de Pablo y simplemente le atribuye catorce epístolas a Pablo.

E. ¿Cuándo fue escrita Hebreos?

Debido a 1 Clemente, podemos decir que Hebreos fue escrita antes del año 96 d.C. En dicho año Clemente de Roma escribió su epístola a la iglesia de Corinto e incorporó en su epístola cierto número de citas y alusiones provenientes de Hebreos. El límite exterior para fechar a la epístola a los hebreos es preciso: algún tiempo previo al año 96 d.C. sin embargo, determinar el principio de la composición de la epístola es difícil.

1. Evidencia interna

En Hebreos 2:3, el escritor se sitúa entre los lectores como quienes pertenecen a la segunda generación de cristianos. Vale decir, que él mismo no había oído el evangelio de labios de Jesús sino que, junto con sus lectores, debía atenerse a la predicación de aquellos que habían oído a Jesús directamente. El escritor era, entonces un seguidor de los apóstoles, muchos de los cuales posiblemente estuviesen vivos en la época en que el escritor compuso su epístola. Numerosos pasajes de Hebreos reflejan una época en que el ardiente amor de los cristianos por Cristo había menguado y el entusiasmo del período anterior había desaparecido.

Los lectores de Hebreos corrían peligro de deslizarse del evangelio que habían oído (2:1). Algunos de ellos corrían el riesgo de ser endurecidos por lo engañoso del pecado (3:13). Algunos habían caído en el hábito de no asistir ya a los cultos (10:25). Otros vacilaban en su celo espiritual (12:12).

El escritor reprocha a los lectores por no haber aprendido las doctrinas de la Escritura. “Pues aunque a estas alturas ya debierais ser maestros, vosotros necesitáis alguien que os enseñe de nuevo las verdades elementales de la Palabra de Dios” (5:12). Asimismo, los líderes que les habían enseñado la Palabra de Dios habían muerto (13:7).

En un tiempo previo los lectores habían sufrido persecución después de haber “recibido la luz” (10:32). Habían experimentado sufrimientos, insultos y la confiscación de sus propiedades (10:33). El escritor no aporta indicación alguna respecto a cuándo tuvo lugar la persecución. Aunque nos inclinamos a pensar que fue en la época posterior al incendio de Roma en el año 64 d.C. —después del cual fueron instigadas las persecuciones de Nerón—el escritor no dice nada más que “Recordad aquellos días de antes”.

Las frecuentes exhortaciones—de prestar atención (2:1), de alentarse mutuamente (3:13), de perseverar (10:36), de correr con perseverancia (12:1) y de resistir ante el pecado (12:4) —dan la impresión de que los destinatarios de la epístola vivían en un período de paz religiosa. Ya no parecían sufrir por ser cristianos, como había sucedido en ocasiones anteriores. Y debido a esta época de paz, el retroceso religioso había llegado a ser una verdadera amenaza para la gente a la cual se dirigía Hebreos.

2. Marco histórico

Si consideramos el marco histórico de la segunda mitad del primer siglo, notamos que Nerón subió al trono imperial en el año 54 d.C. Una década más tarde comenzaron las persecuciones contra los cristianos; éstas duraron hasta que Nerón se suicidó en el año 68 d.C. En el breve período de un año y en rápida sucesión, Galba, Oto y Vitelio gobernaron el imperio romano. Pero en el año 69 d.C. Vespasiano, que por aquel entonces ejercía, como general, el mando del ejército romano que rodeaba a Jerusalén, llegó a ser emperador. Él amaba la paz y la estabilidad; era un hombre virtuoso, de recto carácter moral. Durante su gobierno de diez años, la paz retornó a sus dominios imperiales, y por consiguiente las persecuciones contra los cristianos fueron cosa del pasado.

El hijo de Vespasiano, Tito, que tomó el lugar de su padre como general de las tropas en Judea, también siguió sus pasos, llegando a ser emperador en el año 79 d.C. Su breve reinado de dos años se caracterizó por el mismo deseo de paz y tranquilidad. Cuando el hermano de Tito, Domiciano, comenzó a gobernar el imperio en el año 81 d.C., el rumbo pacífico establecido por Vespasiano y seguido por Tito continuó aún durante la siguiente década. Hacia el fin de su reinado Domiciano inició persecuciones que pueden haber causado el exilio de Juan a la isla de Patmos    (Ap. 1:9).

La historia demuestra que la declinación del fervor religioso ocurre más frecuentemente durante un período de paz y prosperidad que durante épocas de persecución y dificultad. Me arriesgo a afirmar que la epístola a los hebreos refleja un período de continua paz durante la cual los cristianos se fueron relajando espiritualmente. Fue así que le escritor de la epístola se sintió obligado a escribir palabras de exhortación y ocasionalmente de reproche. Su referencia a la persecución que los lectores habían soportado “en aquellos tiempos de antes” puede referirse a la de Nerón entre los años 64–68 d.C. Probablemente la epístola haya sido escrita al principio de los años ochenta.

3. Contexto religioso

Sin embargo, hay una consideración de mucho mayor peso, y que tiene que ver con la exposición que hace el escritor del sumo sacerdocio de Cristo. Cuando el escritor llega al punto de considerar el tema de Jesús como sumo sacerdote del orden de Melquisedec, dice que este asunto “difícil de explicar porque vosotros sois lerdos para aprender” (5:11). La palabra difícil tenía resonancias que hacían eco en la comunidad hebrea. Para el judío, el sacerdocio aarónico era sacrosanto ya que Dios la había ordenado por decreto (7:11–12). Ningún judío se atrevería a sugerir que el sacerdocio levita debía “hacerse a un lado por ser débil e inútil” (7:18), ni a afirmar que “la ley en nada perfecciona” (7:19). Si se atreviese a decir una cosa tan difícil, atraería sobre su cabeza la ira e indignación de la comunidad hebrea.

El hecho que el escritor de la epístola osadamente escribiese sobre dejar de lado el sacerdocio levita puede entenderse mejor si ubicamos el tiempo de su redacción en una década o un poco después de la destrucción del templo y de la cesación del sacerdocio aarónico. Por consiguiente, el escritor podía expresarse libremente sobre este asunto sin atraer sobre sí mismo la ira del pueblo judío. Quizá ésta sea una de las razones por las que los otros escritores del Nuevo Testamento se abstuvieron de considerar el sacerdocio de Cristo. Por ejemplo, a pesar del voto de purificación que Pablo formuló para demostrar a los judíos de Jerusalén que vivía en obediencia a la ley (Hechos 21:22–26), él fue igualmente acusado de enseñar doctrinas contra el pueblo judío, la ley y el templo (Hechos 21:28). Lo que Pablo no pudo hacer respecto al sacerdocio, pudo hacerlo el escritor de Hebreos en una época en la cual el sacerdocio y la ley que lo refrendaba eran cosa del pasado.

En ninguna parte de la epístola a los hebreos encontramos mención alguna al templo de Jerusalén. El escritor habla del tabernáculo y del sacerdocio del período de los cuarenta años en el desierto. Al eliminar toda referencia al templo o a la destrucción del mismo, el escritor pueda implicar que los servicios sacerdotales habían llegado a su fin. Y por dicha razón, él vuelve su atención a las etapas iniciales del sacerdocio levita y de la construcción del tabernáculo.

La conclusión a que nos llevan estas observaciones es que no es de modo alguno improbable fechar a Hebreos una década después de la destrucción del templo de Jerusalén y de la cesación del sacerdocio. Quizá Hebreos haya sido redactada entre los años 80 y 85 d.C.

F. ¿Quiénes fueron los primeros lectores?

Los destinatarios de la epístola a los hebreos eran cristianos judíos. El escritor no dice donde vivían estos hebreos. Si él hubiese dado aunque fuera una mínima indicación en cuanto al destino de la misma no necesitaríamos trabajar con hipótesis. Son muchos los lugares que se han sugerido: Jerusalén, la colonia de Qumrán cercana al Mar Muerto, Alejandría, Roma—por no mencionar más.

1. Israel

Si aceptamos una fecha de redacción posterior al año 70 d.C., automáticamente eliminamos a Jerusalén y a la comunidad de Qumrán. Tras la destrucción romana de la ciudad de Jerusalén, los romanos eventualmente la rebautizaron Aelia Capitolina y prohibieron a los judíos que la repoblaran. También fue evacuada la comunidad de Qumrán durante los años de la ocupación romana.

2. Alejandría

Los estudiosos que están a favor de Alejandría como el lugar en el que vivían los hebreos basan su suposición en el hecho de que Alejandría había sido durante siglos un hogar para mucha gente judía. Aquí se originó la Septuaginta para auxiliar a los judíos grecos parlantes en su lectura de las Escrituras. Además, según Hechos18:24, Alejandría fue el lugar de donde vino Apolos. Pero ningún escritor de los primeros siglos aporta testimonio alguno de que Alejandría fuese su destino o de que Apolos pudiera ser al escritor. Necesitamos buscar en otros sitios para encontrar el destino de Hebreos.

3. Roma

Muchos factores apuntan a Roma. El saludo final de la epístola menciona a Italia. “Los de Italia os envían sus saludos” (13:24). Es cierto que la preposición de puede interpretarse de modo que signifique en—vale decir, “los que están en Italia os envían sus saludos”—pero el significado comúnmente aceptado los que salieron de Italia parece ser el preferido. Los cristianos de Italia que estaban alejados de su patria enviaban saludos a sus seres amados que estaban en Italia, presumiblemente en Roma.

¿Dirigió el escritor de Hebreos su carta a la misma congregación que recibió la carta de Pablo a los romanos? No es necesario suponer esto. Fueron muchas las congregaciones que florecieron en la ciudad imperial, si tenemos en cuenta los tempranos comienzos de la iglesia en Roma. (Por ejemplo, los arqueólogos han desenterrado en Roma una inscripción funeraria que lleva el nombre de un dama cristiana llamada Pomponia Grecina, que fuera enterrada en el año 43 d.C.). Suponemos que a lo largo del tiempo la iglesia continuó aumentando en número. El escritor de Hebreos establece una distinción entre “lideres” y “pueblo” al escribir: “Saludad a todos vuestros líderes y a todo el pueblo de Dios” (13:24). Da la impresión de que dirige su epístola a una determinada congregación de Roma.

Además, Clemente de Roma cita la epístola poco después de haber sido escrita. Y aunque la carta pudo haber sido redactada en otro sitio y con el tiempo haber sido llevada a Roma, una carta que estuviese dirigida a los Hebreos que estaban en Roma hubiese circulado entre las congregaciones de dicha cuidad y haber estado a disposición de Clemente.

Y finalmente, los judíos eran muy numerosos en la ciudad imperial, tal como lo certifican los historiógrafos romanos y Flavio Josefo. Se ha encontrado en Roma una inscripción que lleva la palabra Hebreos, y que data del siglo dos después de Cristo.

Nos sentimos cómodos con la elección de Roma, aunque admitimos que sólo podemos usarla como hipótesis. Con todo, los hechos acumulados apuntan a esta elección. Quizá la intención del escritor de Hebreos al omitir el punto de destino haya sido la de indicar que su epístola tiene un mensaje para la iglesia universal. Especialmente en nuestros días, en que oímos repetidamente la expresión los tiempos del fin, el mensaje de la epístola a los hebreos es de lo más relevante.

G. ¿Cómo puede bosquejarse hebreos?

Es fácil memorizar un bosquejo conciso de Hebreos siguiendo los siguientes siete puntos:

1:1–4
  1. Introducción

 

1:5–2:18
  1. Jesús es superior a los ángeles

 

3:1–4:13
  1. Jesús es más grande que Moisés

 

4:14–7:28
  1. Jesús es el gran Sumo Sacerdote

 

8:1–10:18
  1. Jesús es el Mediador de un nuevo pacto

 

10:19–12:29
  1. La obra de Jesús es aplicada por el creyente.

 

13:1–25
  1. Conclusión

 

 

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