27 de Julio 2014

La lectura de hoy nos cuenta de un hombre que no consintió en el consejo ni en los hechos de los que entregaron a la muerte a nuestro Señor. Dice que era un “varón bueno y justo y esperaba el reino de Dios; éste llegó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús, y lo envolvió en una sábana blanca, y lo puso en un sepulcro nuevo”.

Esto es lo que cuenta la Palabra de Dios acerca de la sábana o manto que envolvió al amado Maestro; pero después surgió una leyenda supersticiosa, que aunque no tiene base bíblica, los usureros de todos los tiempos usan para explotar el fervor de la cristiandad, y miles de estos acuden a ver en esa sábana la imagen del Señor, que según la leyenda, quedó grabada en ella, y ahora le llaman “El Manto Sagrado”. 

Cuando veo tanta falsa creencia y tantas almas, tal vez sinceras, fanatizadas en ellas, siento profunda gratitud hacia mi Dios por haber conocido su Palabra que me enseña “a no buscar entre los muertos al que vive”, y me ha hecho saber que su manto divino y sagrado no es un pedazo de tela con una imagen, sino que es su gracia salvadora que es tan inmensa que puede cubrir a todo el que se allega a Él y le obedece.

Mirtha Almeida

“Me siento segura, Señor, cuando tu manto me cobija”.

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"Manatial de luz, un arcoiris de esperanza "