26 de Julio de 2014

Lectura Matutina: Apocalipsis 3:4-6
Lectura del Mediodia: Salmo 99
Lectura de la Tarde: Salmo 24:3-5

Estando reunidos en unos cultos de oración, esperando en la promesa del Espíritu Santo, recibí unas palabras, para una de las personas que ahí se encontraba buscando del perdón de Dios, que son las siguientes: “Te estoy cubriendo con mis vestiduras que son puras. No dejes que se contaminen”. Enseguida vino a mi mente la madre de esta persona que fue una santa mujer de Dios. Dejando a su familia y todas las comodidades que aquí tenía, fue a tierras lejanas a llevar el mensaje de buenas nuevas a otras almas.

Todos los que tuvimos el privilegio de conocerla damos el mismo testimonio. Fue una mujer virtuosa. Donde quiera que estuvo testificó comportándose como una verdadera cristiana.

Predicando con su ejemplo lo importante que es mantenerse en pureza. Según el diccionario pureza es estar libres y exento de imperfecciones morales. Y así mismo vivió Hilda Castillo el tiempo que Dios le concedió vivir aquí en esta iglesia. Ni un solo momento sus vestiduras fueron contaminadas, pues su vida toda irradiaba pureza.

Sabemos que es difícil mantener nuestras vestiduras puras en un mundo de tanta contaminación. Es por eso que tenemos que pedir el auxilio divino constantemente. Con nuestras rodillas dobladas y nuestras manos levantadas al trono de Dios. Recordando que “la pureza vale más que la vida”.

Milca Almeida

“Seamos puros de corazón, para poder subir al monte santo”.

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"Manatial de luz, un arcoiris de esperanza "